Tus obras
Cliente, dirección, fechas y estado, con el mapa de las que están en curso. Dentro de cada una: el material que se ha gastado allí, quién ha trabajado y qué máquinas hay puestas.
Obra, material y maquinaria · España
Qué material ha entrado y a qué obra ha ido. Dónde está cada máquina y desde cuándo. Cuántas horas lleva cada uno y a cuenta de qué obra. Y, al cerrarla, cuánto ha dejado de verdad.
La misma cuenta y los mismos datos en todos. Nada que instalar en el ordenador.
Los datos de la pantalla son de ejemplo.
Cómo funciona
Hoy eso vive repartido entre un cuaderno, dos hojas de cálculo, el WhatsApp del encargado y un albarán en la guantera. Aquí va todo encadenado: cada paso alimenta al siguiente y ningún dato se teclea dos veces.
Cliente, dirección, fechas y lo que se cobra. Si tienes la memoria o el presupuesto en un PDF, lo adjuntas y se queda dentro.
Entrada y salida desde el móvil, con la ubicación. Las horas de cada uno quedan imputadas a esa obra, y las jornadas se emparejan solas.
El albarán te llega al correo y se lee solo: proveedor, número y una línea por artículo, con su cantidad y su precio. Le das a confirmar y el material ya está en el almacén. No se teclea nada.
Los tuyos y los alquilados. Sabes dónde está cada máquina, quién lleva cada furgoneta y cuánto cuesta cada día que la retro sigue fuera.
Cada salida, traspaso, devolución y ajuste queda apuntado. El stock no es un número que alguien corrige: se calcula del libro, así que cuando no cuadra se ve exactamente dónde se torció.
Lo que has cobrado menos el material, las horas, los desplazamientos, lo alquilado y las subcontratas. Sin IVA en los dos lados, y diciéndote qué parte del coste aún no está registrada.
La cuenta
Pasar los partes de horas, cuadrar albaranes, contestar dónde está cada cosa y montar el coste de una obra al cerrarla. Ese trabajo lo estás pagando ya, solo que no aparece en ninguna factura.
La cuenta está hecha con el coste laboral por hora que publica el INE y con estimaciones de tiempo explicadas una por una. No es un estudio con clientes: ObraCumple es nuevo y no los tiene todavía.
El programa cuesta un 47 % de lo que ya te cuesta llevarlo a mano.
Doce trabajadores, tres obras abiertas y 60.000 € de material al año, de los que se pierde un 2 % por descontrol: lo que se compra dos veces, lo que sale a una obra y no vuelve, lo que se pide con prisa. No los cortes ni las roturas, que eso no lo arregla ningún programa. Cámbialo por tus números.
Qué lleva
Doce bloques. Empieza por el que más te apriete y añade el resto cuando haga falta: lo que apuntas en cualquiera aparece donde toca, sin teclearlo dos veces.
Cliente, dirección, fechas y estado, con el mapa de las que están en curso. Dentro de cada una: el material que se ha gastado allí, quién ha trabajado y qué máquinas hay puestas.
Entrada y salida desde el móvil, con la ubicación de dónde se fichó. Las jornadas se emparejan solas, aunque alguien fiche en dos obras el mismo día o el turno cruce la medianoche.
La Ley 32/2006 te obliga a llevar el Libro de Subcontratación. Cada empresa con su CIF y su REA, y lo que hace en cada obra y por cuánto —que es lo que entra en el coste.
Un mes de un vistazo: las jornadas de cada uno, el inicio y el fin de cada obra y lo que apuntes a mano — la visita del cliente, el día que llega el hormigón, el fin del plazo de una licitación.
El stock no es un número que alguien corrige: sale de cada entrada, salida, traspaso y devolución. Cuando algo no cuadra, el libro dice exactamente dónde se torció.
Conectas el buzón donde te llegan y se leen solos: proveedor, número y una línea por artículo. Un toque en Confirmar y el material está dado de alta en el almacén, con su precio y su proveedor. Y el proveedor que no tenías se crea solo, del propio albarán.
Dónde está cada máquina y desde cuándo. Quién lleva cada furgoneta, con su histórico — que es lo que te piden cuando llega una multa y hay veinte días para identificar al conductor.
Repostajes, revisiones y lecturas del cuentakilómetros. De ahí sale el consumo real y lo que cuesta un kilómetro de cada vehículo, taller incluido.
Una retro doce días a 180 € son 2.160 €. Se cuentan los dos extremos del alquiler, los portes van aparte del precio por día, y te avisa de la máquina que llevas un mes sin devolver.
Material, mano de obra, desplazamientos, alquileres y subcontratas contra lo que cobras. Sin IVA en los dos lados, y diciendo siempre qué parte del coste todavía no está registrada.
Las licitaciones de la Plataforma de Contratación del Sector Público, filtradas por tu especialidad, tu zona y el importe que te encaja. Ordenadas por lo que queda de plazo.
El mismo programa en el ordenador, en el iPhone y en Android. Lo que se ficha en la obra está en la oficina al momento, sin pasar nada a mano.
Lectura de albaranes
El PDF que manda el proveedor lleva su texto dentro y se lee exacto. El problema es el otro caso, que es el de todos los días: el albarán en papel que te dejan en la obra, arrugado, torcido y fotografiado a contraluz con el móvil.
Un OCR clásico reconoce caracteres sueltos y los pega en el orden en que los encuentra: con la hoja torcida, las columnas se le mezclan. El modelo lee el papel como lo que es —una tabla con su referencia, su cantidad y su precio— y por eso aguanta la arruga, la sombra y la foto de medio lado.
No se le pide que decida nada: se le pide que transcriba. Quien decide dónde acaba la cantidad y empieza el precio es la aritmética —cantidad × precio = importe—, y la línea que no cuadra se descarta en vez de colarse. Un hueco lo ves; un número inventado, no.
Si el modelo no está disponible, la foto se lee con el reconocimiento de texto de siempre y el albarán llega igual a revisión. Nunca se queda un albarán sin entrar porque falle un servicio de fuera.
Por bien que se lea, el stock no se mueve solo: el albarán te espera en la pantalla de revisión con sus líneas puestas. Un toque en Confirmar y el material está en el almacén. Ese freno no se quita.
Sin llamar a nadie
El encargado que está en la obra no tiene el ordenador delante, y quien lleva la oficina no puede estar cogiendo el teléfono cada diez minutos. Escribe la pregunta a un número de WhatsApp y la respuesta sale de tus datos, no de la memoria de nadie.
Solo consulta: no da de alta nada ni cambia un dato. Y solo contesta a los números que tú autorices — a cualquier otro le dice que no puede atenderle, sin dar ni un dato.
Conversación de ejemplo, con datos de ejemplo.
¿Lo probamos con una obra tuya? Media hora, sin compromiso y sin instalar nada.
Pedir una demoSeguridad y datos
El fichaje guarda la ubicación desde la que se ficha, y tus obras llevan lo que cobras y lo que gastas. Conviene saber qué se hace con eso, y no en letra pequeña.
Tu cuenta ve solo lo tuyo, y esa separación la impone la base de datos, no la pantalla. Aunque alguien pidiera datos de otra empresa, el servidor no se los daría.
Los albaranes y las memorias de obra no están en una carpeta pública: cada archivo se abre con un enlace firmado que caduca en una hora y que solo se genera para tu cuenta.
El fichaje guarda la ubicación porque hace falta para justificar dónde se trabajó, y por eso se enseña siempre en las tres pantallas que listan fichajes. Nada se recoge para no mirarlo.
Si un día te vas, te los llevas. No hay permanencia, no hay penalización por irse y no se queda nada secuestrado para obligarte a seguir.
Planes
Elige por el tamaño de tu empresa y ya está: no hay módulos que contratar aparte ni funciones que aparezcan al subir de plan.
Para el autónomo con dos o tres a su cargo.
Para la empresa pequeña con varias obras en marcha.
Para cuando la plantilla ya no cabe en un número.
No hay funciones reservadas al plan caro: el de 75 € lleva exactamente lo mismo que el de 243 €. Lo único que cambia es cuánta gente y cuántos vehículos caben.
Cómo se empieza
Cuéntanos cuánta gente sois y cuántas obras lleváis a la vez. Con eso ya sabemos qué plan te toca.
Media hora por videollamada. Damos de alta tus obras, tu gente, tu material y tus máquinas.
Tu gente ficha desde el móvil el primer día. Si a la semana no os sirve, lo dejáis y ya está.
Preguntas
75, 175 o 243 € al mes según el tamaño de la empresa, sin permanencia. Los tres planes llevan el programa entero: lo único que cambia es cuánta gente y cuántos vehículos caben. Lo tienes desglosado en Planes.
Lo tienes guardado día a día, con la obra y la hora de cada entrada y salida, y te lo puedes llevar. No llevarlo bien es una infracción grave: de 751 a 7.500 € por centro de trabajo. Tener el programa no te libra de una sanción, pero es la diferencia entre poder demostrarlo y no poder — la cuenta entera está en esta página.
En el ordenador no: se abre en el navegador y ya está. En el móvil hay app para iPhone y para Android, con la misma cuenta y los mismos datos — es donde se ficha y donde se fotografían los albaranes.
No, y es a propósito. Los papeles ya los subes a la plataforma que te pida cada cliente —Nalanda, Dokify, la que sea— y tener una carpeta más en medio solo añade un sitio donde mirar. ObraCumple hace lo otro, que es lo que nadie te resuelve: dónde está cada máquina, qué material ha entrado y a qué obra ha ido, cuántas horas lleva cada uno y qué margen deja la obra al cerrarla.
Sí. Los datos están en el servidor, así que para fichar o consultar algo hace falta conexión. No funciona sin cobertura.
No. Cada cuenta ve solo lo suyo, y esa separación está en la propia base de datos, no en la pantalla: aunque alguien pidiera datos de otra empresa, el servidor no se los daría.
Es justo para lo que está. Material, mano de obra, transporte, alquileres y subcontratas, con el margen y el porcentaje sobre venta. Y avisa de lo que falta por registrar en vez de dar un número redondo: un margen al que le falta un tercio del coste es el que hace presupuestar barata la obra siguiente.
Media hora basta para ver si esto te encaja. Se monta con tus obras, tu gente y tu material, no con datos de ejemplo.
Escríbenos a [email protected]Te contestamos el mismo día laborable.